
Discos Perdidos: Grabaciones Intimas / Canciones Pop (Indice Virgen ’98)
Cuando Indice era “Virgen”, nosotros de alguna forma, también. O sea, en ese compartir cosas todo el tiempo (como compartís con un amigo cuando les decís que estas triste, con tu novia cuando le contás secretos o con vecinos cuando charlan de fútbol un lunes), cuando Indice era Indice Virgen compartíamos las mismas canciones, las mismas voces y las mismas miradas perdidas en ningún lugar, que al final resultaban ser el mismo para los dos.
“Grabaciones Intimas / Canciones Pop” fue antes que nada un compilado de cantautores o grupos reunidos en su mínima expresión, en un plan reducido en el que sus canciones y su levedad, mezclaban desencanto y ternura. Había ahí misterio, pero no el que vemos en el cine negro, sino más bien el que sentimos cuando pensamos en aquel departamento de ventanas cerradas frente al nuestro, misterioso como nos saber que nos pasa cuando no hay amigos ni novias ni vecinos.
Con poesía de entre-casa, pop y pasos lentos como motor y causa de sus primeras ediciones, Indice Virgen descubrió que bien adentro, el músico / cantante / cantautor / chico / chica que escondemos todos, encierra lo mismo en cada uno de nosotros: mil cosas que decir y muchas canciones para hacerlo con honestidad.
Este es justamente un disco honesto, sincero y sencillo, pequeño como un rasguido o largo como la noche, pero sobre todas las cosas perdido. “Fondo Sandy”, “Astroboy nunca pierde”, “Spleen” (!), “Opio” o “Indra”, estaban ahí, todos grupo lejos de hábito rocker de generar, reproducirse, trascender y encenderse. Más que piedra angular de una “generación” o “escena” totalmente desconfiable, el disco fue en 1998 un canto rodado en medio de toda una obra en construcción, sin bordes cortantes y áspero a la vez.
El primer recuerdo es el verano, segundo es el calor, el tercero es un disco rojo, transparente, entre porta-estudios, madrugadas y nada en que pensar. Me acuerdo de “Menos que cero” (Demasiadas impresiones) y una armónica acalorada justamente, pesada si, como pesan las cosas cuando es muy tarde y uno no tiene muchas ganas de mirar.
Eran ideales los paisajes pintados por Bochatón (Perfume (de Verano)), más solo que nunca; la canción de Paoletti (Ciego), que todavía no se había ido, ni había vuelto pero que sabía “estar” y lo hacía muy bien, como nadie; y también estaba Leo García, tan pero tan lejos de hoy, que vagaba entre irse al espacio (A vivir a Marte) y expandirse con delay. Con muy poco, hacían mucho.
Si hasta lo profundo llegaba Santi Amor, que en un par de versos, desarmaba una criolla su canción (Linda) en letras, serpientes, ríos y palabreríos. Este disco está perdido, es una pena y al mismo tiempo está bien, como el Joven Low-Fi que cantaba que era un “hijo crónico”, que pensaba todo el tiempo en irse de la casa de sus padres pero también en quedarse y estaba bien.
Duro un verano, quizás más, a esta altura ya no importa demasiado. La historia cuenta que Indice Virgen fue un sello que se mantuvo en la delgada línea que rodeaba todo lo que nos gustaba hasta que dejó de entender las canciones, su sencillez y la melancolía en cada una de ellas, como un todo poético, pasional e insistentemente combativo. Tus Hermosos cantaban (en Luna) que “todo y nada, de este lugar jamás cambiará” y eso aprendimos, y quizás de eso se trata también este verano. Es algo desconcertante capaz, pero en el fondo hay que saber que son solo canciones y que (a diferencia de las personas y lo que hacen todo el tiempo) aunque se pierdan, no envejecen (por suerte). Yo lo entiendo y creo que ya no le creo a nadie y sigo pensando, como dice Carlitos, que “madurar, no es crecer” (otra vez, por suerte).
FERNANDO GRANEROS para El Alrillo Under